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Comisión de la verdad: parámetro para el futuro

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La palabra “corrupción” es cruda y, porque es cruda, molesta.

La verdad también es molesta. Bien se dice: “no peca, pero incomoda”.

La verdad al oponerse a la mentira se opone frontalmente a la corrupción.

Según la RAE, la corrupción es una “práctica consistente en la utilización de las funciones y medios de [las organizaciones públicas] en provecho de sus gestores”.

Es decir: es mal utilizar en provecho propio lo que te toca administrar. Beneficiarse con trampa y a la mala de lo que te dieron a cuidar.

La corrupción es un vicio del cual es difícil salir pues conlleva un desafortunado pero funcional y activo engranaje que trabaja al estilo del efecto dominó: una cosa lleva a otra hasta llegar a sus últimas y todavía más desafortunadas consecuencias. Es un “círculo vicioso”.

Ahora bien, aunque con este estilo parece que la corrupción cobra vida por sí misma, tengo que decir que no es verdad sino un espejismo, pues las “estructuras de pecado” y corrupción son compuestas por personas que las alimentan y mueven.

Para frenarlas hay que poner la barrera del no y de la verdad.

Sin duda, la corrupción ha llevado a México a caer en hoyos que no debía pisar y también, por lo mismo, ha llevado a tener un gobierno como el que tenemos: que en su discurso promete y asegura eliminar la corrupción “de antes”.

Hoy juego con estas dos palabras porque el Cabildo de Nuevo Laredo acaba de aprobar la creación de la Comisión de la verdad y la anticorrupción. Misma que buscará investigar y clarificar lo realizado por las administraciones pasadas con un especial énfasis en la última -espero que sin olvidar que duró cinco años y fue precedida por otra del mismo partido-.

Esto, sin duda, nos viene muy bien porque la verdad ayuda mucho y más en el contexto político: a todos nos interesan las cuentas claras y el buen uso del recurso público.

Me imagino que será difícil encontrar a alguien que, si existieran situaciones irregulares y desafortunadamente corruptas, se oponga a combatirlas con el rigor de la justicia.

La apertura de este grupo de trabajo es una buena noticia para los neolaredenses: lo es porque además de investigar el pasado tiene que ser parámetro para el futuro.

Es decir: el que habla se compromete y en esto hay que escarbar no solo para llegar al fondo sino para poner cimientos y que el edificio ya no se nos caiga en promesas.

Los discursos de “eterna campaña” (como los que se ven todos los días por la mañana) no sirven.

Como bien dicen varios de los funcionarios del gobierno municipal en turno: no hay que ser “tapadera de nadie”, sin embargo, creo que tampoco hay que caer en la tentación de vivir del morbo que genera el pasado. Mucho menos acatar aquello de “la venganza por la venganza”.

De hecho, tengo la sensación de que esta comisión será el recurso adecuado para dejar de lado, de una vez por todas, lo mediático y escandaloso para poner en orden y con fundamento lo que se hizo mal y lo que se hizo bien.

Seguro que también ayudará a despertar el espíritu crítico y la conciencia de muchos ciudadanos y de muchos funcionarios.

Espero en Dios que esta importante iniciativa ayude mucho para que, como parámetro para el futuro, ayude a los que desempeñan algún cargo público a poner la barrera del no frente a cualquier tipo de corrupción, grande o pequeña.

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